Enfermedades de las órbitas

Las órbitas son las cavidades donde están contenidos y fijados los ojos, aunque parte de ellos protruyen del reborde orbital. En los niños, la órbita es asiento frecuente de lesiones tumorales; además, de numerosas enfermedades sistémicas o malformativas que repercuten en las estructuras que ellas contienen. Están ubicadas sobre el macizo facial y sus paredes internas son casi paralelas, mientras que las externas son divergentes. Se encuentran en relación con la cavidad craneal y senos perinasales por agujeros y fisuras que las comunican. En vida embrionaria las órbitas están más separadas entre sí. La separación aumentada entre ellas es una anomalía congénita conocida como hipertelorismo. La exacta medida de la distancia entre las órbitas se determina por estudios radiológicos; también se puede hacer de una forma fácil y rápida con la medida de la distancia interpupilar, aunque menos exacta.

Síntomas y signos

Desde el punto de vista clínico existen 6 elementos de fundamental importancia para el enfoque diagnóstico y te- rapéutico en pacientes con enfermedades de la órbita:

  • Proptosis.
  • Dolor.
  • Progresión.
  • Palpación.
  • Pulsación.
  • Cambios periorbitarios.

La proptosis, también conocida como exoftalmos, es el signo cardinal de los procesos que ocupan esta cavidad y se trata del desplazamiento anterior del ojo, en sentido axial o acompañado de algún desplazamiento en sentido vertical o transversal. La forma de instalación, su consistencia, su reductibilidad, la aso- ciación con dolor y la presencia de soplos, entre otros elementos, permiten orientar al médico hacia determinadas lesiones; así por ejemplo, un exoftalmos de aparición súbita después de un trauma de cráneo, acompañado de enrojecimiento ocular, dolor y soplo, hace pensar en el diagnóstico de una fístula carotidocavernosa.

Conceptualmente se considera que existe proptosis cuando el globo ocular está desplazado en sentido anterior, por encima del grado de protrusión normal, el cual es variable en dependencia del sexo, la edad y la raza, o cuando existe una diferencia de más de 2 mm entre un ojo y el otro. Es también de valor el hecho de que exista una diferencia de 1 o 2 mm, si anteriormente no estaba presente esa diferencia.

El exoftalmos es el signo cardinal de estas afecciones y por la alta frecuencia de aparición y la precocidad con que lo hace, es al oftalmólogo, al médico de familia o pediatra, a quien suele acudir, en primera instancia, un niño portador de este tipo de afección.

La explicación de este signo es bastante clara y se basa en el elemento anatómico de que al ser la órbita una cavidad cerrada con una única abertura en sentido anterior, cualquier aumento de volumen que ocurra en su interior produce una elevación de la presión, por lo cual su contenido se va a desplazar hacia el sitio de menor resistencia, que en este caso va a ser su extremo anterior.

En dependencia de la localización, la proptosis puede ser en sentido axial o desplazar el globo ocular hacia afuera, adentro, arriba o abajo; de este modo, una lesión que crezca en el ápex de la órbita, produce un exoftalmos axial y una lesión que crezca en la fosa de la glándula lagrimal, va a desplazar el ojo hacia adelante, abajo y adentro.

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